Compañía Reda

El proyecto de la compañía Rida y la reinterpretación del arte del movimiento folclórico:

Durante el siglo XX, mientras las compañías europeas y latinoamericanas ya se presentaban en los escenarios desde inicios de siglo, quedó claro que Egipto poseía un vasto recurso artístico desorganizado: formas de arte del movimiento relacionadas con la agricultura y la tala de madera, los movimientos cotidianos de pescadores y campesinos, cantos de trabajo y rituales festivos.

A principios de la década de 1950, Mahmoud Reda y su hermano Ali Reda asistieron a una presentación de la compañía “Alaria Argentina” en uno de los teatros de Egipto. Posteriormente, Mahmoud Reda se unió a la compañía en presentaciones en El Cairo, Alejandría, París y Roma, tras lo cual regresó para plantear su pregunta existencial y decisiva: “¿Por qué el egipcio no expresa su identidad a través de su propio arte del movimiento?”

Mahmoud Reda practicó gimnasia y representó a Egipto en los Juegos Olímpicos de 1952; estudió ballet y estuvo profundamente influenciado por el cine occidental, lo que significa que su formación artística provenía del modernismo y no de la tradición. Su sensibilidad modernista moldeó su visión del folclore: no lo trató como un archivo estático que debía reproducirse tal cual, sino como una materia prima capaz de ser reconfigurada según las reglas del teatro moderno. Por ello, inició un proyecto para reformular el arte del movimiento popular no como una práctica social, sino como un estilo escénico. Se dirigió a los pueblos como artista del movimiento, buscando extraer gestos, ritmos y formaciones que pudieran integrarse en una estructura teatral, presentando por primera vez el arte del movimiento popular en una forma colectiva disciplinada, alejada de la improvisación abierta característica de los entornos rurales.

En un intento consciente de cambiar la estructura social del cuerpo en movimiento, las primeras presentaciones adoptaron una forma disciplinada: artes de movimiento colectivas, vestuario modesto, una composición visual que evitaba la centralización del cuerpo femenino y movimientos cuidadosamente diseñados, sin connotaciones individualistas.

Esta política estableció una nueva legitimidad del arte popular del movimiento dentro de la sociedad y una nueva identidad ética del cuerpo del intérprete.

El proyecto de Mahmoud Reda coincidió con el ascenso del movimiento nasserista, y el patrimonio cultural pasó de las manos de la comunidad a las de la institución cultural oficial, lo que permitió transformar el folclore de un conjunto disperso de materiales en una herramienta para construir una narrativa nacional coherente.

Su proyecto artístico se alineó con el discurso y las orientaciones de la Revolución de Julio, que promovió el arte popular mediante la creación del Centro de Artes Populares; así, el apoyo del Estado al proyecto de la compañía fue un factor clave en su desarrollo, eficacia y expansión.

La Compañía Reda comenzó sus presentaciones el 6 de agosto de 1959 en el Teatro de Azbakeya (actual Teatro Nacional) como una compañía privada y, a pesar de su gran éxito, enfrentó dificultades económicas. Por ello, el Ministerio de Cultura decidió incorporarla oficialmente en 1961. Representó a Egipto en festivales internacionales e incluso acompañó delegaciones oficiales del Estado, convirtiéndose en una herramienta de la diplomacia cultural egipcia.

La compañía ha presentado más de 3.000 espectáculos dentro y fuera de Egipto. Mahmoud Reda recorrió las gobernaciones del país en busca de formas de arte del movimiento popular, con la ayuda de misiones estatales en aldeas, caseríos y regiones remotas y fronterizas, donde se registraron canciones, relatos, danzas y distintos estilos performativos. Este material bruto fue posteriormente filtrado y reelaborado para adaptarlo a las exigencias escénicas en términos de tiempo, ritmo, composición visual, número de intérpretes e incluso la naturaleza del movimiento aceptable en el escenario.

Entre las obras y canciones folclóricas presentadas por la compañía destacan: “La dulzura de nuestro sol”, “Luxor es nuestra patria”, “La danza del limón”, “Los campesinos”, “La col”, “El alejandrino”, “La falda”, “La recogida de leña”, entre otras. Estas presentaciones se caracterizaban por su fuerte impacto visual, combinando el espíritu del patrimonio egipcio con un ambiente folclórico, y por la armonía entre los movimientos de los intérpretes y sus trajes tradicionales.

Ali Ismail, el compositor genial que cambió la dirección de la compañía y creó su sonido distintivo, otorgó a la Compañía Reda una identidad artística completa: sonido, ritmo y estructura, reconocible desde la primera frase musical. Tuvo que reconstruir la música dentro del propio movimiento de danza folclórica. Fue pionero en el enfoque más complejo de composición para danza: en lugar de componer primero la música y luego diseñar la coreografía, invirtió el proceso; Mahmoud Reda creaba primero la coreografía y luego Ali Ismail componía la música, para que esta naciera de la emoción del movimiento y no fuera una pieza estática.

Ali Ismail formó la primera orquesta dedicada a las artes populares para acompañar a la Compañía Reda bajo su dirección. Su música fue una reinterpretación del folclore dentro de un marco teatral moderno que equilibraba la memoria popular con las exigencias de la danza escénica. Fue también un músico de proyección internacional con sensibilidad egipcia.

Según un libro de la crítica musical Dra. Inas Galal El-Din, Mahmoud Reda no se limitó a reproducir el folclore tal como era; creó un folclore híbrido, refinado por su talento y visión, adecuado para el escenario.

El Dr. Ahmed Morsi, profesor de literatura popular, afirma: “Lo que presentan las compañías escénicas es una inspiración tomada del folclore, no el folclore en sí. Según la definición científica, el patrimonio popular debe ser de autor desconocido, ampliamente difundido y expresión de la conciencia colectiva, no de una visión individual”.

La Dra. Samar Saeed, decana del Instituto Superior de Artes Populares, señala: “El arte del movimiento en Egipto nunca ha sido una única forma artística nacional, sino un mosaico geográfico difícil de reducir a una sola forma, lo que significa que cada compañía representa una parte del mapa social de Egipto”.

A pesar de las reservas académicas, el proyecto artístico de la Compañía Reda representó un cambio monumental que contribuyó a la documentación y la formación sistemática, garantizando la supervivencia de formas que de otro modo habrían desaparecido y haciendo el arte popular accesible a un público más amplio. Según el sitio “Maazif” y un artículo de la investigadora Mervat Al-Fakhrani (“La danza egipcia desde la Compañía Reda hasta Luxor”), “así nació un nuevo patrimonio dentro del teatro: refinado, organizado y reconstruido, un patrimonio que no puede considerarse totalmente falso ni completamente auténtico, sino un punto intermedio entre la memoria y la representación. Este proyecto híbrido sigue siendo una de las transformaciones más importantes en la historia del arte escénico egipcio contemporáneo.”

 

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